EN MEMORIA DE QUETA


lutoHoy las vi como casi todas las mañanas:  la hermana mayor le cortaba el escaso cabello a la menor. Ella, con su cabeza agachada, se dejó hacer sin protestar. Luego fueron por una Coca-Cola de dos litros para el desayuno.

La de más edad pasó a mi lado con una sonrisa sincera, reflejada en su boca reseca, cubierta de vello.  Saludó, le hizo cariños a mi niña y siguió su camino para conseguir el sustento diario. Mientras se alejaba, pude observar que no se ha de haber mudado de ropa desde hace varios días.

No sé calcular edades, pero a la hermana mayor se le puede considerar una “cabecita blanca”. Quizá no sepa ni cuidarse a sí misma, sin embargo cuida con fervor a su “hermanita”.

Esta pequeña narración la escribí el 13 de febrero de 2012. Cada día me quedaba pensando en ellas, en su diario batallar por sobrevivir. Ayer, 25 de junio de 2014, Queta falleció de cirrosis. Mi cuñada la auxilió en sus últimas horas y me cuenta que su casa es un nido de suciedad, al grado de que las personas que la asistieron fueron a tomar un baño de inmediato y tiraron la ropa que traían puesta en ese momento.

Me preocupaba su hermana. Aparte de su discapacidad mental, está ciega casi por completo. Al parecer, un pariente se hará cargo de ella.

Supongo que la casa tendrá que ser demolida de nuevo. Ya se había hecho una vez, pues había plagas de todo tipo. El municipio tiró la casa y la volvió a construir, pero las condiciones de vida no mejoraron. La suciedad reinaba como antes.

Hoy, quiero dedicar este artículo a Queta. Ese nombre que se olvidará en poco tiempo y que tal vez no signifique mucho para nadie. Esa vida que en apariencia no fue fructífera y, sin embargo, se hizo cargo de su hermana por varios años trabajando en lo que pudo.

Lo mejor de ella fue su sonrisa y yo la recordaré por siempre.

Descanse en paz.

 

 

 

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Honor a quien honor merece


Hace unos días, tuve la oportunidad de asistir a un concierto de Raúl Ornelas.

¿Quién es Raúl Ornelas? preguntaron algunos y se preguntarán otros tantos al leer este artículo. No eImagens un artista reconocido, muchas gente no sabe qué tipo de música interpreta, pero al momento en que se nombran cantantes como Alejandro Fernández,Víctor García, Pandora, Reyli, y hasta esa señora que no quisiera mencionar, pues su solo nombre me produce aversión: Thalía.

Las personas que me conocen, saben que ella no es santo de mi devoción y su voz la considero como una de las peores del mundo. Si alguien me quisiera torturar, con cinco minutos de su música sería suficiente para pedir clemencia. Por esa razón, evito nombrarla en mis escritos, pues trato de ser neutral.

Por suerte o por desgracia, hoy su nombre se relaciona con Raúl Ornelas. La mayoría de sus seguidores se dieron de topes al saber que Thalía se atrevió a tocar una de sus mejores canciones, la cual fue incluida en el álbum “Desde el exilio” en 1999 y en “Manual de lo prohibido” en 2002. Se trata de “Manías”.

Lo más grave de todo, es que la publicidad ha hecho creer a varias personas que la ex Timbiriche es autora de la canción. Esa misma publicidad eleva hasta el cielo a falsos artistas y entierra a los verdaderos. Para nadie es secreto que se mueven muchos intereses en las disqueras y sólo desean crear un producto para las masas. Hay una enorme lista de “cantantes” populares con nulo talento y son reconocidos en casi todo el mundo.

Me da pena que ese fenómeno se presente en todos los ámbitos. En literatura existe un gran número de autores que vende millones de libros al año y analizando su obra se llega a  concluir que no tiene ningún valor. También son comunes los plagios y grandes escritores quedan en el anonimato.

No puedo evitar que todo esto siga sucediendo, pero sí es posible poner mi granito de arena para difundir la buena música y enaltecer a sus verdaderos autores.

Mis canciones favoritas de Raúl Ornelas son: Las cartas sobre la mesa, Qué bendición y Tu fantasma. No tenía el gusto de conocerlo personalmente y el viernes pasado me llevé una gran satisfacción al estar en su concierto.

Gracias a Dios que todavía existen los verdaderos artistas.

Lo que mal empieza…


Hace unos meses, mi madre estaba esperando el autobús y se encontró con un viejo conocido. Tuvieron tiempo de platicar bastante, gracias a la “eficiencia” del actual transporte público de la ciudad de Chihuahua.

Este hombre, a quien llamaremos Juan, se quejó amargamente de su vida. Su esposa falleció y los hijos lo abandonaron. Hoy, debido a su edad y a las enfermedades, se le dificulta trasladarse para cobrar la pensión. Con voz de fastidio, empieza a decir:

-Batallé para sacar la tarjeta del Vivebús, la he usado muy poco y ahorita mi tarjeta no pasó. El chofer me dijo que fuera recargarla, pero en el Oxxo de la colonia no tienen ese servicio. Tengo que ir hasta el centro, pero, ¿en qué me voy? A ver si en el próximo camión sí me permiten subir sin cobrarme.

No sé cómo solucionaría el problema, quizás ella le prestó su tarjeta o el chofer  lo dejó subir. El punto es que no es posible que una persona mayor, sola y con tantas dificultades para sobrevivir, tenga que sufrir por decisiones mal tomadas del Gobierno o de quien corresponda, pues, como siempre, todo el mundo se lava las manos cuando hay que rendir cuentas.

Se han creado problemas donde no los había. La gente vive estresada por el simple hecho de subirse al camión y que su tarjeta no pase por falta de saldo, ya sea porque se lo gastó sin darse cuenta o porque desapareció “misteriosamente”. De verdad, no me cabe en la cabeza que trasladarse de un lugar a otro sea un gran problema y además se ocupe tanto de nuestro valioso tiempo.

Yo no he usado ese sistema y no me parece justo comprar una tarjeta para cuando tenga la necesidad de usarla. Lo normal es que pague mis no sé cuántos pesos (también con el precio traen tremendo reborujo), al momento de requerir el servicio. Gracias a Dios tengo opciones, pero hay muchos Juanes que batallan a diario, esos a los que las autoridades deberían hacerles la vida más fácil.

Todos podemos ser un “Juan” cualquier día.

Reformas y estrés


El comienzo de un año siempre trae consigo propósitos, pero también una cantidad impresionante de estrés, sea cual sea tu condición personal, familiar o económica. Hay algunos empleos en los cuales se carga toda la tensión del mundo y uno de ellos es la contabilidad. De enero a marzo hay que hacer cálculos y presentaciones extraordinarias que las autoridades se empeñan en cambiar una y otra vez.  Surgen nuevas dudas, nuevos errores y hasta nuevas multas.

Ayer fue un día difícil, creo que hoy también lo será; todos los detalles que surjan van a pasar al olvido si todo sale bien, pero si existe algún error, te lo van a recordar de una manera poco agradable.

Gracias a Dios tengo trabajo y también gracias a Él puedo sacarlos adelante a pesar de las dificultades.

Quienes se dedican a esto, saben perfectamente de lo que hablo y quienes no, están empezando a comprenderlo si viven en México, pues con las nuevas reformas fiscales, hasta el vendedor de chicles en los semáforos tiene que saber un poco de contabilidad.

 

Imprudencias mortales


Los accidentes son terribles, más cuando las víctimas son niños.  El estado de Chihuahua ha sido escenario de múltiples tragedias en este año y siempre que suceden, vemos de qué manera se podrían haber evitado. Como dice el dicho: “Ya ahogado el niño, ahora quieren tapar el pozo”.

Ayer despertamos con una aterradora noticia: Tres niños murieron en un incendio y al parecer lo originó un “diablito” conectado a un poste de la Comisión Federal de Electricidad. Con lo caro que es el servicio de luz, no me atrevo a juzgar a las personas que hacen usan ese recurso, aunque no deja de ser incorrecto.

La gente y los medios de comunicación dan más detalles, mas no quiero seguir escuchando; una escalofriante sensación me recorre todo el cuerpo y ahí permanece por varios días.

El padre de los niños y otro hijo de éste, están muy graves. Me estremezco ante el dolor que debe sentir la madre de estos pequeños, de verdad no tiene nombre una tragedia de esta magnitud, igual que no lo tuvieron los accidentes de la maquila Blueberry en Juárez y el Aeroshow en Chihuahua.

Las heridas físicas, psicológicas y espirituales permanecerán por mucho tiempo, hay personas que no se recuperan nunca. Quise escribir esto porque lo navega en mi mente una y otra vez y necesita salir para que no me afecte en demasía.

Debemos estar agradecidas todas las personas que no hemos pasado por hechos tan traumáticos. A veces queremos morir por una decepción amorosa o por creer que nadie nos acepta, pero eso deja de tener importancia al sufrir una catástrofe.

La imprudencia es la causa principal de los accidentes y la mayoría de nosotros queremos creer que sólo les pasa a los demás, que estamos exentos de tragedias. Dejamos de ponernos el cinturón de seguridad y a veces también a nuestros hijos pequeños, creyendo que es imposible que suceda un choque. La automedicación se practica de forma general, hacer conexiones eléctricas peligrosas es una constante, no darle mantenimiento al calefactor de casa es otro riesgo inminente. La lista es muy larga.

Las noticias malas se extienden por todos los medios en unos cuantos minutos y empiezan los comentarios de los lectores, los cuales pueden ser crueles e injustos con las víctimas. Buscar culpables se ha convertido en un deporte mundial, existan o no.

Somos imprudentes al opinar y condenar a la ligera. A veces las discusiones se tornan agresivas y tan cargadas de palabras altisonantes, que hasta se pierde el tema.

Los imprudentes, borrachos, asesinos e infieles son los demás, mientras no seamos cachados en un de esas situaciones.

Prudencia es la clave para evitar la mayoría de las tragedias. Usémosla.

Lo que escribimos


redesHace unos cuantos años, no creí posible expresarme y transmitir al instante lo que pienso. Lo increíble es que  pueda hacerlo a nivel mundial. Eso es muy bueno, pero también tiene sus desventajas. Actualmente, además de este medio, uso las redes sociales Facebook y Twitter. En el primero ya tengo experiencia, en el segundo no tanto y soy más reservada al momento de escribir, sobre todo si es un tema delicado,  porque está a la vista de más personas.

Alguien criticó una publicación mía en el Facebook, la cual sólo era un chiste sin importancia, de esos que circulan por cada muro.  Me dijo que daba una mala imagen de mí y de lo que buscaba. Por supuesto que le expuse mi punto de vista y tal vez le haya molestado mi respuesta, pero ese detalle me dejó pensando un buen rato.¿Cuántas publicaciones serán mal interpretadas u ofensivas para algunos?

Mi respuesta al instante fue: “Los que me conocen, saben que es broma; la opinión de los que no me conocen, no me interesa”

Mi postura sigue igual, aunque no me gustaría que algo dicho sin mala  intención fuera mal interpretado y ofendiera a quien no quiero ofender. Ya si hablo de alguien a quien sí deseo censurar, deseo que lo entienda a la perfección. Hay de casos a casos, pues algunas personas parecen gritar a los cuatro vientos lo corrientes que se consideran.

He visto a varias chicas, algunas menores de edad, que se expresan de una manera bastante vulgar, confiesan cosas demasiado íntimas, que pueden ser o no verdaderas, pero ahí quedan a la interpretación de cada persona. No sé qué tanto les interesará la opinión de los demás, sin embargo, me extraña el desparpajo que muestran ante parientes y amigos. Hoy en día no nos “queman” las habladurías, pues de eso nos encargamos nosotros mismos.

Otro tema son las fotos que subimos a la red. En lo personal, no me gusta subir fotos atrevidas, mucho menos me tomaría una en el baño, haciendo pose “sexy” y cara de pato. ¿Tratan de mostrar al mundo que les gusta hacer el ridículo?

Ayer el mundo despertó con una noticia terrible: Una joven de 22 años anuncia su suicidio en Facebook y lo cumple. Es inconcebible el punto al que hemos llegado, siempre he dicho que abusamos de los medios para publicar cosas demasiado personales, hasta peleas entre parejas que a nadie conciernen. Menciono el caso de esta chica porque en algunos comentarios sobre su fatal determinación, algunos dicen que lo tomaron a broma. Ahí está el detalle, diría Cantinflas. Asuntos serios son tomados como bromas y viceversa.

Me indigna que en Twitter usen esa tragedia como un motivo de burla, aunque también ella se prestó a que eso sucediera. Anunciar tu propio suicidio es el colmo de la “tecnologitis”. Espero que descanse en paz y y no se vuelva a repetir un caso como este. No me queda claro quién le tomó la foto después de morir. Si fue un pariente, ¿para qué la sube a la red?

Puedo hablar durante horas de las extrañas prácticas que tenemos en internet, pero no tendría fin. Lo bueno de todo esto es que puedo escribir mi opinión y darla a conocer a través de este medio y otros más.

¿Hasta dónde podemos soportar?


Ayer en la noche, iba yo conduciendo mi automóvil por una calle estrecha y a lo lejos vi algo que se movía en el suelo. Al acercarme, tuve la impresión de que era un gato e instintivamente frené. Apliqué la reversa y pude comprobar que sí era un minino malherido, el cual trataba de moverse sin éxito. Mi sensibilidad salió a flote y la imagen empezó a grabarse en mi mente. Rodeé al felino con el temor de chocar al vehículo de al lado o que el animal se moviera en ese instante, pero nunca me vi atropellándolo, ni siquiera por compasión.

Al dejarlo atrás, pensé miles de cosas: si lo hubiera sacado de la calle, si tendría remedio o si algún otro coche le pudiera pasar encima. Llegué a casa con el alma estrujada e imaginándome el dolor que se debe sentir cuando no se trata de un animal, sino de un ser humano.

De inmediato recordé el terrible accidente del Aeroshow Chihuahua 2013.  No me considero capaz de ver fotografías o videos explícitos y los he evitado hasta donde sea posible, pero de una u otra forma, siempre veo algo en cualquier medio y mi mente se encarga de lo demás.

Tal vez nos sentimos saturados por esta noticia y las múltiples manifestaciones que exigen un castigo a los culpables; como siempre, nunca faltan aquellos que hacen de las tragedias una guerra política. Lo que sí debemos pensar es en todos los involucrados (varios de ellos niños), quienes perdieron a sus seres más cercanos, los que están aún en peligro de morir, los que ya nunca van a tener una vida normal. Las noticias pasan de moda muy rápido, el dolor no cesa fácilmente.

Como chihuahuense, este acontecimiento me duele demasiado y no creo que podría soportar lo que han vivido todas esas personas. Sigue la pesadilla y durará mucho tiempo.

Dios nos ayude y aprendamos de tan horrorosas experiencias para que no se repitan.