El peor y más caro hospital


A diario se escuchan quejas contra el IMSS y al parecer quedan siempre en el aire. Yo había evitado lo más posible usar ese servicio hasta que, por mi primer y único embarazo, tuve que ir a las consultas para obtener mi incapacidad. Nunca pasó por mi mente que mi bebé naciera ahí, he oído de casos terribles de negligencia en los nacimientos y no estaba dispuesta a arriesgar mi vida y mucho menos la de mi bebé.

Una sola vez había ido a consulta y no recordaba mi número de consultorio, tampoc0 si tenía tarjeta de citas, por consiguiente tuve que empezar desde cero con los trámites. Es difícil hacer filas desde temprana hora para conseguir una ficha y esperar otro tiempo considerable hasta que te atiendan (es un número determinado de fichas y es posible que no alcances)

Después de todo este proceso, me dicen que vaya a solicitar la tarjeta de citas en mi consultorio asignado, pero resulta que la asistente me envía a Prevención, quien, a su vez, también me quiere enviar de regreso al consultorio. Total, me traen como pelotita aunque todavía no se me nota la panza.

Por fin obtengo mi tarjeta y aún queda mucho camino por recorrer. Resulta que ahora exigen la credencial ADIMSS para realizar cualquier trámite y aseguran que puede servir como identificación oficial, lo cual no es cierto, pues al mostrarla, me preguntan si no traigo la del IFE.

De ahí en adelante empiezan las consultas mensuales y vueltas al laboratorio, pues mi doctor particular me hace análisis y los del IMSS también. Debo admitir que no tuve problemas para fijar la hora de mis citas y casi nunca tuve que pedir permiso en el trabajo para llegar tarde.

Lo malo fue cuando me pasaron a Ginecobstetricia, pues ahí sí me hácían esperar  dos horas o más y sólo me revisaban superficialmente. Una única vez me hicieron sonografía durante las consultas regulares en la clínica, pero en este hospital no.

En una terrible helada del mes de febrero, en que se reventaron las tuberías de agua, yo no asistí a mi consulta y me llamaron del IMSS para reprenderme. “¡Oh, qué importante soy para ellos!”, me dije. No me quisieron reprogramar la cita por teléfono y tuve que asistir (ya con mi panza crecidita) muy temprano a sacarla.

Siempre me decían lo mismo: coma esto, coma aquello, no dure mucho tiempo sentada ni parada (eso sólo pasó cuando iba a las consultas). Yo les dije que iba a dar a luz en un hospital privado y me contestaron que debía asistir de cualquier forma.

Gracias a Dios no tuve que usar el IMSS para que naciera mi hija, porque tal vez este relato se habría convertido en un cuento de horror. Pasé por demasiadas molestias y trámites, mas no por sufrimientos. Esto pasó hace más de un año y  el mes pasado regresé a la clínica para solicitar un examen médico que me piden para el ingreso de mi hija en la guardería. Tuvimos que esperar casi tres horas para una revisión de cinco minutos, además de que ya me habían regresado el día anterior por no llegar antes de las 7:30 A.M. (Por cierto, ese día llegué a las 7:00 A.M. y la asistente empezó a atender a las 8:00 A.M.)

Hace unos días  tuve que ir a Urgencias del IMSS  porque mi tía se fracturó la cadera y de verdad es un calvario conseguir información sobre los pacientes. Esta área está en remodelación y las condiciones en que se encuentra “temporalmente” son terribles. Un calor sofocante, pocos asientos y no hay ni un señalamiento para llegar a “Urgencias”. Se supone que se llega en situaciones extremas y todavía buscar la ubicación, es ilógico.

Ni hablar de las condiciones dentro del hospital. La limpieza no se realiza a diario y sólo se realiza un semi-trapeo. Los cómodos se comparten sin esterilizar, las enfermeras no atienden cuando se necesitan y los parientes del enfermo son los que realizan casi todas las actividades que en otro tiempo le correspondía al personal. Mi tía se cayó el sábado y hasta el lunes llegó el doctor a valorarla. Luego sigue el proceso de cuándo la programan para operación. Todo se alarga indefinidamente.

Las instalaciones no son de tercer mundo, sino de “cuarto mundo” y si tomamos en cuenta que a diario se nos retiene parte de nuestro sueldo mas una aportación patronal, no es posible que el servicio sea tan malo. Hay personas que toda su vida han cotizado y nunca han ido ni a una consulta. No sé cómo manejan los recursos, creo que deberían ser suficientes para dar un servicio digno.

Que las autoridades entiendan: Nos merecemos algo mil veces mejor.

NO ES GRATIS.

 

 

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