La fábula del comerciante


Me permito compartir esta fábula de autor anónimo, que siempre me pone a reflexionar un poco. La publicidad nos puede convencer de cualquier cosa.

“Si nos programamos para fracasar, fracasaremos y si nos mentalizamos para ganar, ganaremos. Es una simple elección personal.”

Había una vez un ciudadano que vivía al lado de una carretera donde vendía unas ricas albóndigas con pan. Estaba muy ocupado y por lo tanto no oía la radio, no leía los periódicos, ni veía la televisión.

Alquiló un trozo de terreno, colocó una gran valla y anunció su mercancía gritando a todo pulmón: “Compren deliciosas albóndigas calientes”. Y la gente se las compraba.

Aumentó la adquisición de pan y carne. Compró un terreno más grande para poder ocuparse mejor de su negocio. Y trabajó tanto que dispuso que su hijo dejara la Universidad donde estudiaba Ciencias Comerciales a fin de que le ayudara.

Sin embargo, ocurrió algo importante. Su hijo le dijo:

-“Padre, ¿pero no escuchas la radio, ni lees los periódicos? Estamos sufriendo una grave crisis. La situación es realmente mala; peor no podría estar”.

El padre pensó: “Mi hijo estudia en la Universidad, lee la prensa, ve la televisión y escucha la radio. Sabe entonces lo que dice”.

Compró pues menos pan y menos carne. Sacó la valla anunciadora, dejó el alquiler del terreno a fin de eliminar los gastos y ya no anunció sus ricas albóndigas con pan. Y las ventas fueron disminuyendo cada día más.

Después de un tiempo, el negocio estaba realmente afectado.

-“Tenías razón, hijo mío”, le dijo al muchacho. “Verdaderamente estamos sufriendo una gran crisis”.

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Construir el nido


nido de amorAyer me platicó mi tía una preciosa historia:

 Afuera de su casa, un pajarito empezó a construir un nido para su pajarita. Traía materiales de diversos colores, como queriendo agradarle a la pareja. Llegaba la hembra a darle el visto bueno y al parecer no era de su total agrado.

 “Discutían” un rato, y el macho, sumiso, destruía el nido y empezaba de nuevo. Una y otra vez sucedió lo mismo.

 Me encantó la historia y le dije:

Ojalá que los hombres estuvieran dispuestos a hacer tanto por una mujer y no rendirse a la primera; pero al mismo tiempo, pensé: “Malcriada pajarita, ¿con qué se le podría dar gusto?”

Espejos del alma


Este cuento me agradó bastante, pues refleja todo lo que una mujer puede sentir cuando se ilusiona y laventana tren manera en que va creando un mundo perfecto en su mente. El hombre en quien ha puesto sus ojos, se convierte en todo lo que ha soñado.

Luego, como era de esperarse, llega la decepción. El “caballero”,  no es mas que un vulgar delincuente.

Para leer el cuento, pueden abrir este enlace:

http://home.cc.umanitoba.ca/~fernand4/espejos.html

Es un cuento corto y sin embargo se pueden sacar interesantes conclusiones:

TRAMA: Monólogo donde la protagonista va haciendo conjeturas respecto a su compañero de viaje. Se ilusiona, logra tener una relación amorosa con él y al final se da cuenta que no era quien ella pensaba.

ARGUMENTO: La historia se desarrolla en un vagón del tren, la protagonista es una mujer madura, divorciada, que se ilusiona con su compañero de viaje. Lo idealiza y se atreve a tener una aventura con él, sin conocerlo. Cuando se entera de que es un asesino y drogadicto, le asaltan muchos temores, incluso de haber sido contagiada de alguna enfermedad.

PSICOLOGÍA: La protagonista es una mujer soñadora, vulnerable y confiada. Cree conocer a las personas, se inventa sus propias historias y se las cree. El hombre, un loco asesino que muestra otra cara: inteligente y encantador.

Se puede concluir que, a cualquier edad, la mujer puede ilusionarse ciegamente sin pensar en las consecuencias y cualquier hombre, por más defectos que tenga, puede hacerse pasar por un agradable caballero.

Los deberes de Justina


 

Otra laboriosa jornada empieza para Justina. Dejó la cama antes del amanecer como es su costumbre y salió desde temprano a buscar el alimento de la numerosa familia.

Se aleja del hormiguero preocupada por el peligro que corren su madre enferma y sus pequeños hermanos.

En el camino se encuentra con Galanicio. No puede ocultar la emoción al verlo, aunque trata de no perder el tiempo y con amabilidad se despide. Nadie, ni siquiera él, conoce nada sobre su vida.

Galanicio continúa su camino pensando en Justina. Luce más bella esa mañana, lástima que nunca se detiene un momento para conversar. El rostro se le ilumina al toparse  con Lujuriana, la chica más fascinante de los alrededores, quien, coqueta,  le sugiere dar un paseo. Él acepta entusiasmado y la imagen de Justina se evapora.

Pasan los días, la vida continúa como siempre, pero los encuentros entre Justina y Galanicio disminuyen; es raro que coincidan, al parecer él ha modificado su recorrido habitual. Ella se pregunta si habrá conocido a alguien, si la está tratando de evitar o sólo es cosa del destino que tiene otros planes. Lo extraña terriblemente y  el sentimiento pesa demasiado en su frágil cuerpo. Adelgaza hasta casi desaparecer, sin embargo cumple a cabalidad sus tareas. El hogar depende de ella, ¿quién más lo haría?

 Una tarde calurosa, Justina llegó extenuada a su casa. Tenía el propósito de reposar hasta la hora de la cena, el cansancio era extremo. No fue posible. Aquel día dejó de existir su madre. Ella se hizo cargo de todo. Los hermanos, que ya no eran tan pequeños, ni siquiera asistieron al funeral. ¿Qué falta había cometido su madre para que la expulsaran del hormiguero familiar? Nunca lo supo.

Crecieron sus hermanos, Justina tuvo la ilusión de recibir ayuda con los deberes, pero ellos siempre se las arreglaban para librarse de responsabilidades. Uno a uno fue abandonando el nido hasta que, Justina, ya sin fuerzas para conseguir alimento, se vio sola.

Una mañana en la que ya no pudo levantarse, llamaron a su puerta. Pidió que entrara quien fuera. Su sorpresa no tuvo límites al reconocer a la encorvada figura. Era Galanicio.

 Al fin te encuentro, dijo él. ¡Te he buscado toda mi vida!