Todos los absurdos conducen a Roma


Mi nena está creciendo y ya no es tan fácil llevarla al cine, pero aun así tuve la oportunidad de ver la película “A Roma con amor”, dirigida por Woody Allen. Confieso que no había visto películas de este director, al menos no conscientemente. He escuchado comentarios de que sus películas son de un extraño humor, incluso algunos críticos especifican: “si te gusta el humor de Woody Allen…”

Yo no sabía ni de qué trataba el filme y de reojo vi en el cartel de publicidad algunos nombres conocidos como: Penélope Cruz, Alec Baldwin, Roberto Benigni, entre otros. Esperé que algo bueno surgiera entre todos esos actores y el resultado me agradó bastante.

Sí, es una película rara, que al parecer no tiene pies ni cabeza, sin embargo, analizando a cada personaje, sacas conclusiones de gran interés.

Roberto Benigni es un ciudadano común que de la noche a la mañabna, sin saber el motivo, se hace inmensamente famoso. No puede andar en la calle sin que lo acosen los reporteros y le hagan preguntas estúpidas como: ¿Qué desayunó esta mañana?

Así sucede en la vida real, en cualquier país. De pronto alguien es famoso sin saber por qué (a veces ni ellos mismos lo saben) y lo peor es que aparece en todos los medios, a todas horas. Si esa persona no es de tu agrado, te fastidia a un grado extremo. Como se dice popularmente: “Lo ves hasta en la sopa”

 

Eso pasa con cantantes que ni siquiera poseen buena voz, actores que no se les puede considerar actores, personas que publican un libro sensacionalista y ni siquiera saben escribir. Pero hay algo peor: gente que ha salido en Reality Shows, que no tienen ningún talento en especial y sin embargo pueden ser los más famosos del país.

Hay otros personajes también con situaciones absurdas y a la vez reales.  La actriz “sexy” e irresistible, más flaca que un palo, pero capaz de enloquecer al novio de su mejor amiga.  El actor considerado “símbolo sexual”, con un físico nada agraciado; la chica inocente, de buena familia y recién casada, que se ve tentada a tener una aventura con dicho actor, porque es un privilegio que se fije en ella, habiendo tantas mujeres que desearían estar en su lugar.

El mejor personaje, para mí, fue el de un tipo que tiene una voz espectacular, pero sólo canta bien bajo la regadera. El hecho de que se presente a una audición bajo la ducha, provoca varias carcajadas.

“Todos cantamos bien bajo la ducha” dice uno de los actores (no recuerdo quién).

Las situaciones absurdas siguen y siguen. Quizá el papel de Penélope Cruz es el más congruente dentro de la cinta, pues luce de verdad como una prostituta. Lo absurdo es que los papás del muchacho con quien se relaciona en circunstancias extrañas, hasta el grado de que llega a convivir con su familia conservadora, haciéndose pasar por su mujer, no se den cuenta de su profesión.

Me perdí el final porque tuve que salir de la sala, pues mi inquieta hijita de 17 meses empezó a molestar a la “amable” señora de enseguida porque le tocó la pierna un par de veces.

Es lo que puedo decir de esta película. Los que tengan la ocasión de verla, sacarán sus propias conclusiones.

“A Roma con amor”. Me encantó el título.