EN MEMORIA DE QUETA


lutoHoy las vi como casi todas las mañanas:  la hermana mayor le cortaba el escaso cabello a la menor. Ella, con su cabeza agachada, se dejó hacer sin protestar. Luego fueron por una Coca-Cola de dos litros para el desayuno.

La de más edad pasó a mi lado con una sonrisa sincera, reflejada en su boca reseca, cubierta de vello.  Saludó, le hizo cariños a mi niña y siguió su camino para conseguir el sustento diario. Mientras se alejaba, pude observar que no se ha de haber mudado de ropa desde hace varios días.

No sé calcular edades, pero a la hermana mayor se le puede considerar una “cabecita blanca”. Quizá no sepa ni cuidarse a sí misma, sin embargo cuida con fervor a su “hermanita”.

Esta pequeña narración la escribí el 13 de febrero de 2012. Cada día me quedaba pensando en ellas, en su diario batallar por sobrevivir. Ayer, 25 de junio de 2014, Queta falleció de cirrosis. Mi cuñada la auxilió en sus últimas horas y me cuenta que su casa es un nido de suciedad, al grado de que las personas que la asistieron fueron a tomar un baño de inmediato y tiraron la ropa que traían puesta en ese momento.

Me preocupaba su hermana. Aparte de su discapacidad mental, está ciega casi por completo. Al parecer, un pariente se hará cargo de ella.

Supongo que la casa tendrá que ser demolida de nuevo. Ya se había hecho una vez, pues había plagas de todo tipo. El municipio tiró la casa y la volvió a construir, pero las condiciones de vida no mejoraron. La suciedad reinaba como antes.

Hoy, quiero dedicar este artículo a Queta. Ese nombre que se olvidará en poco tiempo y que tal vez no signifique mucho para nadie. Esa vida que en apariencia no fue fructífera y, sin embargo, se hizo cargo de su hermana por varios años trabajando en lo que pudo.

Lo mejor de ella fue su sonrisa y yo la recordaré por siempre.

Descanse en paz.