Lo que mal empieza…


Hace unos meses, mi madre estaba esperando el autobús y se encontró con un viejo conocido. Tuvieron tiempo de platicar bastante, gracias a la “eficiencia” del actual transporte público de la ciudad de Chihuahua.

Este hombre, a quien llamaremos Juan, se quejó amargamente de su vida. Su esposa falleció y los hijos lo abandonaron. Hoy, debido a su edad y a las enfermedades, se le dificulta trasladarse para cobrar la pensión. Con voz de fastidio, empieza a decir:

-Batallé para sacar la tarjeta del Vivebús, la he usado muy poco y ahorita mi tarjeta no pasó. El chofer me dijo que fuera recargarla, pero en el Oxxo de la colonia no tienen ese servicio. Tengo que ir hasta el centro, pero, ¿en qué me voy? A ver si en el próximo camión sí me permiten subir sin cobrarme.

No sé cómo solucionaría el problema, quizás ella le prestó su tarjeta o el chofer  lo dejó subir. El punto es que no es posible que una persona mayor, sola y con tantas dificultades para sobrevivir, tenga que sufrir por decisiones mal tomadas del Gobierno o de quien corresponda, pues, como siempre, todo el mundo se lava las manos cuando hay que rendir cuentas.

Se han creado problemas donde no los había. La gente vive estresada por el simple hecho de subirse al camión y que su tarjeta no pase por falta de saldo, ya sea porque se lo gastó sin darse cuenta o porque desapareció “misteriosamente”. De verdad, no me cabe en la cabeza que trasladarse de un lugar a otro sea un gran problema y además se ocupe tanto de nuestro valioso tiempo.

Yo no he usado ese sistema y no me parece justo comprar una tarjeta para cuando tenga la necesidad de usarla. Lo normal es que pague mis no sé cuántos pesos (también con el precio traen tremendo reborujo), al momento de requerir el servicio. Gracias a Dios tengo opciones, pero hay muchos Juanes que batallan a diario, esos a los que las autoridades deberían hacerles la vida más fácil.

Todos podemos ser un “Juan” cualquier día.

No tengo tiempo


Todos decimos a diario: “No tengo tiempo”.  Las horas y los días pasan volando y de repente ya terminó la semana, volvió empezar y parece que nunca descansamos. El mundo gira muy rápido, los momentos de diversión pierden su espacio y la rutina nos envuelve hasta hacernos enloquecer.

Hace unos días, mi hija de tres años me dijo: “mi padrino ya no me quiere”. Me puse a pensar en el tiempo que tenía sin verlo y sí era considerable, casi un mes. En ese mismo instante la llevé a saludarlo nada más, pues él también vive preso del trabajo. Nunca olvidaré lo que le dijo a mi niña: “Sí te quiero, pero tienes un padrino muy ocupado”.

La vida se nos va sin convivir con nuestros seres queridos, sin darnos un momento para nosotros mismos, mucho menos para hacer oración, los que nos decimos creyentes. Lo peor es que sí nos damos oportunidad de estar al pendiente de las redes sociales y hasta meternos en vidas que no nos incumben, dejando a un lado las que nos deberían importar.

Ya se habrán dado cuenta de que no he tenido tiempo de escribir o tal vez no me lo he dado. Cuestión de enfoques.

Aprovechemos la vida, aunque suene trillado.