Señales de humo


¿Conocen la historia del náufrago que construyó una choza con todo el esfuerzo del mundo y de pronto un día se le incendió?

Maldijo al cielo por su mala suerte y se tuvo que tragar sus palabras cuando llegó un barco a rescatarlo, pues habían visto las “señales de humo”.

Hace unas semanas me sucedió algo parecido, pues el hecho tenía cara de tragedia; sin embargo, resultó una enorme señal de humo y hoy me siento de maravilla.

Quizá  extrañe la choza de mi pasado, pero sé que está preparada una gran residencia, donde mi corazón vivirá más cómodo.

¿Se incendió tu choza?

¡Da gracias a Dios!

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Asalto de nostalgia


niñez Anoche mi sobrina y yo fuimos a comprar limones a una tienda de conveniencia, que se encuentra a unas cuadras de mi casa. Dudé en llevar automóvil (esa maldita costumbre de usarlo hasta para ir a la esquina), pero al final decidimos que sería bueno caminar. 

Al no haber limones en dicho establecimiento y tuvimos que ir a buscar otro. Ni siquiera recordaba si existía alguno por ahí cerca, así que avanzamos y vi dos “tienditas” en la misma cuadra, una enfrente de otra. 

Sentí un golpe de nostalgia al entrar a la primera, pues recordé que ya existía desde mi infancia y no volví a pisarla desde tiempos inmemoriables. Abrí la puerta con la sensación de que entraba al pasado. Por supuesto que no conozco a la persona que atiende en la actualidad y menos recuerdo quién atendía en aquella época, supongo que no hubo nada más que mereciera la pena retener en la mente. Ahí sí hubo limones, lo malo es que todos en muy mal estado.

La tercera fue la vencida y por fin salimos con un puñado de los cítricos mas caros de la historia, después de danzar un poco al ritmo de Michael Jackson, que en ese momento salía en la televisión del negocio.

Volvimos a recorrer las oscuras calles, pues el municipio nos cobra el alumbrado, mas no sé a dónde se lo lleva, ya que hace varias semanas que no vemos la luz. Recorrimos casas renovadas, otras que se caen de antiguas y, al ver una de las últimas, otro golpe de nostalgia me noqueó por completo.

Me vi a mí misma, a la tierna edad de seis años, cruzando la avenida con toda la precaución del mundo, bajo la mirada vigilante de mi madre. Qué orgullo sentía de cruzar la calle sola, por primera vez. Me mandaron a “la tiendita de Don Luis” a comprar un cuarto de leche. ¡Un cuarto! y ahora nos nos alcanza ni con seis litros.

Los bellos recuerdos son un tesoro, no hay duda. Ahora que se acerca el Día del Niño, a la mayoría de los adultos nos invade la nostalgia, sobre todo si tuvimos una niñez maravillosa, sin grandes lujos, pero sí con grande vivencias.

Presencia


calle oscura

En cada lúgubre calle,

imagino tu silueta

matizada por la luna.

 

Al volante van mis manos,

a bordo va el sentimiento,

sin intención de bajarse.

Inconsciente del peligro,

sólo quiere recordar,

que estuviste en esa esquina,

esperándome con ansias.

 

Estás conmigo esta noche

y te observo hasta en la tienda ,

en busca de un buen café.

 

Hoy respiro pesadumbre,

con anhelo de respirar

en el color de tus labios.

Prioridades


De pronto surge una enfermedad con la que no contabas y ese mundo que parecía terrible, se vuelve peor.

Extrañas los días despreocupados, las noches enteras de sueño, los momentos de placer. Ahora crees que tu vida anterior no era tan mala, pues tu salud era tu libertad. El dinero era necesario, mas no era asunto de vida o muerte.

El éxito no te entusiasma, el amor es cosa del pasado. Todo lo que te ponía tenso, hoy parece una bobada.

Tus prioridades han cambiado y seguirán cambiando.