Un poquito de atención


De pronto siento la necesidad de un poquito de atención. No pido toda la atención del mundo, sólo la suficiente.

Cuántas veces imagino que responderás a mis necesidades, que te va a interesar un poco mi vida diaria y hasta  invento mis propias historias donde tú apareces y llegas a ser el gran héroe que me rescata del peligro.

Una sarta de tonterías, lo sé. Cómo olvidar que tus problemas te rebasan y la desesperación ocupa todo tu mundo. No hay lugar para una plática, para una caricia, para un regalo. No hay lugar ni siquiera para un ser maravilloso que lleva tu sangre. El tiempo te consume y tú pierdes el tiempo en lamentarte.

Una poca de atención es lo que quiero y no entiendo por qué la quiero. ¿Cómo espero tanto de alguien que no tiene nada?

Mi cerebro sí lo entiende, pero la ansiedad continúa.

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Esclavos del trabajo


dichosoHoy en día, los que tenemos la fortuna de contar con un trabajo estable, sabemos la responsabilidad que eso implica. Una de las situaciones que se dan a diario, es que el horario laboral es pasado por alto. Si no eres flexible, no funcionas. Así de sencillo.

Conozco personas que deben levantarse en plena madrugada para resolver conflictos laborales y si están en una fiesta, no sueltan su celular o sus múltiples artefactos de comunicación. El trabajo es su vida y no hay sitio para nada, ni para nadie más.

La salud también se hace a un lado. La hora de comer no existe y hasta se postergan las necesidades fisiológicas por falta de tiempo. Lo importantes es ganar dinero, hacer de nuestros hogares una fortaleza, pues casi siempre está sola y a merced de los delincuentes. Sólo llegamos a dormir, pero no debe faltarnos ni un solo mueble, ni una sola cosa que nos haga la vida más fácil.

De pronto, nos atrapa la enfermedad a consecuencia de nuestra forma de vivir y en el mejor de los casos tenemos alguien que se ocupe de nosotros. En el peor, nos vemos completamente solos y además enfermos.

Hay ocasiones en que lo tenías todo, tus seres queridos te adoraban. Sin embargo, al verte en desgracia, las personas que se contaban a montones, no llegan ni a cinco y la mayoría siempre está ocupada.

A veces nuestro trabajo es como un refugio de nuestra soledad o un pretexto para no relacionarnos sentimentalmente, por miedo a repetir malas experiencias. Está bien ser cauteloso, pero que nos pasemos la vida evadiendo el amor, también es desgastante.

No estoy en contra del trabajo ni de la superación, sin embargo creo que todo tiene su límite.

¿Trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?

Otro 14 de febrero


san valentin

Hoy, 14 de febrero, se manifiestan las alegrías y las tristezas exageradas. Hay quienes ya planearon un “Día del amor” inolvidable, otros que desean excluirse por completo de esta festividad, también hay quienes atacan con todo este festejo. De cualquier forma, el Día de San Valentín tiene una gran repercusión en los ánimos.

En las oficinas es una oportunidad para presumir los grandes arreglos florales que algunas suertudas (y también suertudos) reciben, despertando envidias, habladurías o especulaciones. La presunción no para ahí. Hoy es más fácil dar a conocer los grandes acontecimientos a través de las redes sociales como Facebook o Twitter. Fotos de besos, detalles, abrazos, etc., no se hacen esperar.

Sea cual sea la situación, siempre hay inconformidades, pues hay parejas que ese día ni siquiera se dan un abrazo aunque lleven mucho tiempo juntos. Menos habrá lugar para un detalle. Quizá nunca lo hubo o se fue extinguiendo el afán de hacerlo.

Hay otros casos en los que es imposible celebrar fechas especiales, pues el romanticismo no tiene cabida en su relación. Hace un momento, una compañera de trabajo dijo: “Cómo quisiera tener un novio que me enviara flores”. Su expresión no sé si se deba a la falta de novio o a la falta de flores. De cualquier forma, a la mayoría de las mujeres nos encanta ese tipo de manifestaciones. Nos halaga que alguien tenga un gesto en público de sus sentimientos hacia nosotras.
Si hoy recibimos al menos un detalle, por más pequeño que sea, ya es motivo de regocijo. Si esa persona “especial” ni siquiera nos ha mandado un mensaje, nuestro día puede tornarse hasta amargo y cualquier muestra de amor a los demás nos parece cursi.

A todos mis lectores, les deseo un día excelente, lleno de motivos para ser feliz, sin esperar grandes sorpresas que quizá nunca llegarán. Y si llegan, valorémoslas al máximo. Siempre que recibo un presente, pienso en que esa persona me tuvo en sus pensamientos al buscar ese regalo. También seamos generosos y repartamos gestos de amor, pues todo lo que se da, tarde o temprano se regresa.

¡Feliz 14 de febrero!