Los números de 2012


Muchas gracias a todos los que son parte de este blog y gracias a WordPress.com por su magnífica presentación. Espero que me sigan visitando en el 2013. Dios los bendiga, un abrazo muy grande.

 

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 2.800 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 5 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

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¡Felices fiestas!


campanasEn estos días de tanto ajetreo y sin tiempo ni de respirar, quise hacer un pequeño alto para este blog, pues ya se le empiezan a  formar telarañas.

Ayer tuve un día especial con mi pequeña Samantha. Ya tiene un año con nueve meses de edad y es inquieta, pícara, bailadora y sobre todo muy vaga.

No fue un día especial, sino una noche. Pusimos el árbol en equipo: Yo ponía esferas y ella las quebraba. En ocasiones no quería bajarse de los brazos y me tuve que dar mañas para enredar las luces cargando con todos esos hermosos kilos. Cuando encendí las luces, ella gritaba  eufórica y sonreía ante el espectáculo.

Esa noche pude reflexionar por unos segundos. Me di cuenta que de nuevo está a mi alrededor la misma gente del año pasado. Dios sigue manteniendo unida a mi familia, a pesar de algunos desacuerdos y peleas que surgen de repente.

Recordé viejos temores que han llegado a buen término, momentos difíciles que no se borran por completo, pero ya no duelen igual.

Las personas que han desaparecido de mi vida, se fueron por una buena razón, porque debo caminar sin ellas, porque todo ciclo tiene su fin.

El rostro bellísimo de mi hija es una muestra de que Dios existe.

Felices fiestas a todos y espero que disfruten a todos esos seres maravillosos que el cielo nos ha enviado.

 

Navidad, Feliz Navidad


compranavidad476_0De nuevo las compras de última hora: filas, mal humor, congestionamiento vial. El aguinaldo que esperamos todo el año se esfuma como un suspiro, las visitas foráneas nos asustan al imaginar el caos de esos días interminables.

Recuerdo la última navidad, tan parecida a las anteriores. Mi madre agotada, con un genio terrible porque el tiempo no le alcanza y los hijos no tardan en aparecer. Faltan dos días para la gran fiesta y uno de sus retoños decide llegar de sorpresa a las tres de la mañana acompañado de su numerosa familia, justo cuando la hacendosa mujer acaba de cerrar los ojos.

Unos fuertes golpes a la puerta desvanecen el sopor, las piernas le pesan al levantarse. Abrazos, besos y la obligatoria invitación a cenar. Todos aceptan.  Mientras los atiende, su cerebro gira pensando en cómo acomodar de forma decente a cinco visitantes inesperados.

Vuelve a la cama una hora antes de que suene el despertador. Despierta y respira hondo. Quisiera dormir más, el día entero si fuera posible, pero ella no se puede permitir ese lujo.

Veinticuatro de diciembre. Apenas es el comienzo.