La educación y el celular


celularVarias veces me ha pasado que en plena plática con una persona, ya sea un amigo, pariente o compañero de trabajo, de pronto suena el celular de éste y se pone a hablar un largo tiempo enfrente de mí. Qué cosa  más incómoda.

Con el aparato al oído, sonríe y me mira como si yo estuviera al tanto de su charla.

¿Y qué debo hacer? ¿Correspondo con una sonrisa idiota?

Hay lugares de los que es posible retirarse, pero también hay otros donde no lo es.

 

Les comparto una anécdota:

Tenía meses sin ver a una amiga y cuando volvimos a comunicarnos me invitó a comer a su casa. El traslado hasta su domicilio es de aproximadamente media hora en automóvil.

Me recibió con entusiasmo y parecía que la tarde iba a transcurrir entre una agradable charla. Justo cuando empezamos a tocar un tema importante, sonó el celular de ella.

Yo seguí comiendo semillas de girasol y oía  sin querer escuchar. Pasaron cinco eternos minutos y ella dijo: “Bah, se le cortó”. Transcurrieron unos segundos y el endemoniado aparato volvió a repicar. De nuevo los cinco minutos y  su respectivo corte.

La  historia se repitió un sinnúmero de veces  y ya me sentía desesperada, harta de las semillas y también harta de oír conversaciones que no me conciernen.

En todo ese tiempo que pudo ser más de una hora (sin exagerar), pensaba en lo inútil que había sido trasladarme hasta ese lejano lugar, sólo para estar ahí sentada como tonta.

Es hora de elaborar nuevas reglas de educación, que incluyan los avances de la tecnología.

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4 comentarios en “La educación y el celular

  1. Me ocurre frecuentemente. Lo mas reciente en una charla de negocio que prometia no tardar mas de 20 minutos, demoró ¡3 horas! y todo por un bendito celular que no paraba de sonar. Creo que debemos acostumbrarnos a darle mas importancia a la persona que tenemos al frente y pedir que nos espere la persona remota. Yo normalmente pido que me permitan devolver la llamada mas tarde
    Saludos

    • Su forma de proceder ante esa situación es la más adecuada. Nada nos cuesta pedirle a quien nos llame que lo haga más tarde o también decirle que le regresamos la llamada. Las urgencias no son cada cinco minutos, sólo en caso de verdadera urgencia se le pide a la persona que tenemos enfrente que nos disculpe y nos retiramos un poco para atender el teléfono.

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