Fastidio


No me dejas en paz ni un segundo, la molestia de tenerte encima es intolerable. Me veo obligada a estar todo el día en casa, cuando quisiera andar en la calle, ir al cine, pasear con los amigos. Apenas puedo salir de la cama, no me dejas respirar, me siento morir. He intentado todo por deshacerme de tus influencias y el efecto es contrario.

Cada vez te quedas más tiempo, produces un gran desorden, actúo de manera idiota en asuntos delicados. Te anidas en mi pecho con violencia, sacarte de ahí es un reto difícil. Suplico, lloro, exijo que te vayas. Nada. Al parecer te sientes a gusto en este cuerpo.

Te empiezas a alejar lentamente, sin darme cuenta. Ya no estás conmigo y no te extraño para nada. O tal vez sí. En ocasiones me acostumbro a lo malo.

No me preocupo, te veré dentro de unos cuantos meses. Eres tan predecible, tan común…

¡Maldito resfriado!

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