Amor, pasión… y crimen


El pasado viernes leí en las noticias una historia que me impactó. Se trata de un joven que duró desaparecido varios días, hasta que uno de sus asesinos confesó el crimen. Esto sucedió en Los Cabos, Baja California Sur.

Estamos tan inmersos en la violencia, que ya las notas rojas son algo cotidiano. Toda noticia, después de veinticuatro horas se considera antigua. Ha muerto la capacidad de asombro, no hay duda.

Pues bien, hoy quiero hablar de este  caso porque se trata de un crimen pasional. Desde que escuchamos “pasional”, se torna interesante y no me refiero al morbo, sino a todo lo que se puede reflexionar en este tipo de tragedias.

Tenemos tres personajes principales:  César, David y una chica a quien llamaremos Paula. Todos con edades entre 20 y 25 años.

Paula tiene un noviazgo de cuatro años con David . Están a punto de casarse. Conoce a César y decide empezar una nueva relación.

David no toma nada bien el rompimiento y se va hasta el fondo. No acepta que Paula lo haya abandonado, la depresión es terrible.

Sus “amigos” lo incitan para que tome venganza y entre todos planean darle un escarmiento.

David cita a César para “hablar con calma” en una plaza de comida.

César desaparece el 25 de septiembre de 2012 y es encontrado una semana después. David se entregó a las autoridades y confesó todo.

El día en que David citó a César, entre él y sus amigos (dos o tres) lo amarraron a un árbol y le dieron una paliza sin usar armas, sólo que a David se le ocurrió pegarle con una botella rota y “se le pasó la mano”.

Huyeron dejándolo a su suerte.

César estuvo a merced de los animales salvajes y además cayó una gran tormenta por esos días. No es necesario dar más detalles del cuerpo.

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Yo me pregunto si hubo amor en esa relación de cuatro años. Cuántas cosas habrán sucedido en todo ese tiempo entre dicha pareja.

La decisión de Paula no es fácil. No quiero especular, pero quizá se dio cuenta  que la convivencia diaria con ese hombre no le convenía. Por otro lado, puede ser que se haya enamorado de alguien muy diferente porque esa relación ya no le llenaba, quizá David siempre fue obsesivo y ella duró para percatarse de que no era eso lo que deseaba.

La reacción de David refleja una mente obsesionada o un ego herido. Él ya la considera de su propiedad, no puede ser que alguien venga de repente y se la quite. Aunque sus nombres sólo se grabaron en la arena, él se encargó de inmortalizarlos en una fotografía que se niega a destruir.

Con el hecho de hacerle daño a su rival, nada se remediaría, al contrario, era casi seguro que Paula lo odiaría para siempre.

David no siente amor, es pasión. El amor construye, la pasión destruye.

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