Calaveras Literarias


El próximo dos de noviembre festejaremos el día de difuntos en México. Tenemos diversas  tradiciones serias y otras no tanto. Entre las más divertidas se encuentran las Calaveritas Literarias. Son versos octosílabos, satíricos y mordaces, en el que “matamos” a una persona, resaltando sus vicios o costumbres.

Me encanta escribir  calaveras, pues las considero una gran herramienta para criticar de manera sana a personajes conocidos,  parientes y  amistades.

He aquí un ejemplo:

ESPINOZA PAZ

(Cantante grupero)

 

Hizo un pacto con el diablo

Para triunfar con sus letras

Y le dio gran resultado:

¡Hasta resultó poeta!

 

La calaca lo escuchó

Hasta quedarse dormida,

“Yo me llevo a este señor,

Con su música aburrida.”

 

“No me lleves, corazón,

Con mi encanto yo enamoro

Y además canto mejor

Que el difunto Gallo de oro”

 

Ah, qué buena referencia,

Dijo  burlona la muerte,

Se me agota la paciencia,

Te callaré para siempre.

 

El “ilustre” personaje

Por fin estiró la pata,

Ya lo lleva en el carruaje

La inteligente calaca.

 

Un lugar privilegiado

Exigió en el más allá,

Dijo estar emparentado

Con el gran Octavio Paz.

 

Velia Gallegos.

 

Dilema


Muchas veces me he preguntado si vale la pena abstenerse de ciertos antojos que sabes te van a dañar tarde o temprano. No sólo me refiero a la alimentación, sino a todos los aspectos de nuestra vida.

Cuando decido alejarme de una persona que sólo me hace feliz en el momento en que la veo, aunque después su ausencia me produce ansiedad, me cuestiono si vale la pena ese maravilloso instante a su lado.

Me imagino en mi vejez, preguntándome por qué no hice esto o aquello cuando aún podía. ¿Hasta qué punto debí ser prudente? Puede ser que me haya evitado bastantes sufrimientos, pero también es posible que haya dejado de vivir lo que nunca más tendré oportunidad de vivir.

Hay que encontrar un punto de equilibrio y eso es lo difícil. Ahorita mismo tengo el dilema de seguir escribiendo en este post o dejarlo hasta aquí.

Optaré por lo segundo.

No fue un error


Hoy leí una frase que me encantó:

“No fue un error, si ese recuerdo te hace sonreír”

Los bellos recuerdos se evocan con una sonrisa y no con una nostalgia que nos hace infelices cada día.

Al terminar una relación, nos empeñamos en resaltar lo negativo que vivimos con esa persona y se llega a concluir que fue un terrible error haberla conocido.

¿No es mejor cerrar los ojos y vivir esos momentos que los dos disfrutamos y nadie más conoce?

Hay que darse la oportunidad de volverlos a vivir y que todo el mundo te sorprenda sonriendo a cada instante.

Quizá te juzguen demente, pero, ¿acaso importa?

Amor, pasión… y crimen


El pasado viernes leí en las noticias una historia que me impactó. Se trata de un joven que duró desaparecido varios días, hasta que uno de sus asesinos confesó el crimen. Esto sucedió en Los Cabos, Baja California Sur.

Estamos tan inmersos en la violencia, que ya las notas rojas son algo cotidiano. Toda noticia, después de veinticuatro horas se considera antigua. Ha muerto la capacidad de asombro, no hay duda.

Pues bien, hoy quiero hablar de este  caso porque se trata de un crimen pasional. Desde que escuchamos “pasional”, se torna interesante y no me refiero al morbo, sino a todo lo que se puede reflexionar en este tipo de tragedias.

Tenemos tres personajes principales:  César, David y una chica a quien llamaremos Paula. Todos con edades entre 20 y 25 años.

Paula tiene un noviazgo de cuatro años con David . Están a punto de casarse. Conoce a César y decide empezar una nueva relación.

David no toma nada bien el rompimiento y se va hasta el fondo. No acepta que Paula lo haya abandonado, la depresión es terrible.

Sus “amigos” lo incitan para que tome venganza y entre todos planean darle un escarmiento.

David cita a César para “hablar con calma” en una plaza de comida.

César desaparece el 25 de septiembre de 2012 y es encontrado una semana después. David se entregó a las autoridades y confesó todo.

El día en que David citó a César, entre él y sus amigos (dos o tres) lo amarraron a un árbol y le dieron una paliza sin usar armas, sólo que a David se le ocurrió pegarle con una botella rota y “se le pasó la mano”.

Huyeron dejándolo a su suerte.

César estuvo a merced de los animales salvajes y además cayó una gran tormenta por esos días. No es necesario dar más detalles del cuerpo.

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Yo me pregunto si hubo amor en esa relación de cuatro años. Cuántas cosas habrán sucedido en todo ese tiempo entre dicha pareja.

La decisión de Paula no es fácil. No quiero especular, pero quizá se dio cuenta  que la convivencia diaria con ese hombre no le convenía. Por otro lado, puede ser que se haya enamorado de alguien muy diferente porque esa relación ya no le llenaba, quizá David siempre fue obsesivo y ella duró para percatarse de que no era eso lo que deseaba.

La reacción de David refleja una mente obsesionada o un ego herido. Él ya la considera de su propiedad, no puede ser que alguien venga de repente y se la quite. Aunque sus nombres sólo se grabaron en la arena, él se encargó de inmortalizarlos en una fotografía que se niega a destruir.

Con el hecho de hacerle daño a su rival, nada se remediaría, al contrario, era casi seguro que Paula lo odiaría para siempre.

David no siente amor, es pasión. El amor construye, la pasión destruye.

Las cartas que enamoraban


Hace tiempo las parejas se enamoraban por medio de cartas. La forma de escribir, el trazo de la letra y hasta el aroma del remitente era capaz de producir verdaderos sentimientos.

Hoy en día, esa práctica ha quedado en la historia, pues los correos electrónicos y redes sociales no son lo mismo. Así como es fácil aparentar lo que no somos, también es difícil dar una verdadera imagen de nosotros.

Yo me pregunto si las parejas que se unieron por medio de cartas y llegaron a casarse, no se desilusionaron al empezar a convivir.

¿Siguieron atraídos hablando cara a cara ?

¿La escritura se volvió a utilizar entre ellos o sólo la usaron para hacer la lista del mandado?

Escribir lo que sentimos es más fácil que decirlo de frente, aunque expresarlo de forma oral es más valioso. Esto último es difícil y muchas veces dejamos de comunicar cosas importantes.

Esas palabras no dichas se almacenan en nuestra memoria y ahí están día y noche como piedra en el zapato, sin dejarnos descansar ni concentrarse en las tareas.

De cualquier forma, estaría bien recuperar esa costumbre de escribirnos cartas con nuestra letra, no sólo a través del correo electrónico. Podemos escanearla para quien está lejos, si no es posible usar el correo tradicional.

Pero con las prisas de estos tiempos…