Cuando sangran las viejas heridas


Justo cuando crees estar superando algún hecho que te causó un gran daño, surge algo que te hace sufrir de nuevo. Vuelves a experimentar el dolor que parecía ya no existir y el sentimiento desgarra tu interior.

A veces sólo se trata de un simple comentario y eso es suficiente para hundirte hasta el fondo.

Ayer tuve esa sensación, mas no me permití llegar al fondo. Aferré toda mi voluntad al borde del precipicio y, aunque algunas lágrimas estuvieron a punto de hacerme resbalar, fui capaz de soportarlo. Esa molestia quedó en mi garganta. Aún no alcanzo a digerirla por completo.

La persona que me dijo esas cosas que no quería escuchar, no lo hizo con intención de herirme, pues me advirtió antes de hablar del daño que podrían hacerme sus palabras, pero era necesario confirmar ciertos detalles que siempre imaginé.

Hoy, las heridas todavía sangran, aunque esta vez traigo analgésico que preparé cada noche de insomnio, cada día de aflicción, en meses enteros de indolencia. 

El mal es crónico, no me cabe duda. Lo seguiré combatiendo cada día.

 

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3 comentarios en “Cuando sangran las viejas heridas

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