Primera persona


Cambié tu nombre por el mío. Me enamoré de la soledad, de la fortaleza sin ti.

Disfruto el aroma singular de este cuerpo febril, venero la sonrisa de unos ojos diáfanos, saboreo mi boca anhelante.

Indulgente, abrazo a la mujer herida por tu causa, a la dama que algunas veces hiciste sentir casquivana por absurdos motivos.

La cobijo con suavidad. Comprendo sus temores, destierro toda culpa.

No le prohíbo lágrimas al atardecer, sólo le prohíbo que el alba ilumine ese mismo llanto.

Gracias por lo que no tengo


Generalmente doy gracias por todo lo que tengo: familia, amigos, trabajo, salud y tantas cosas bellas Dios nos ofrece cada día, pero hoy quiero hacer lo contrario:

Quiero agradecer por todo lo que no tengo y que además no lo necesito o no me conviene.

Pensaba nombrarlas, mas no lo creo necesario. Hacer una lista de cosas negativas es horrible, así que se las dejo a su imaginación.

Y no crean que es por flojera, ¿eh? (Bueno, poquita nada más)

Buen día para todos.

¿Zorras?


“Ponte zorra” no es lo mismo que “ponte, zorra”

Increíble que un solo signo haga la diferencia. Así sucede  en las relaciones personales, cualquier signo cambia la percepción de ese “alguien” que consideramos especial en nuestra vida. 

Las mujeres debemos ponernos zorras para que no vayan a tomarnos como zorras.

Suena complicado… y sí lo es.

Lo más triste es que hasta nos convencen de tener la razón. Así sin más, un hombre desilusionado se cree con el derecho de ensuciar la reputación de una dama que pudo haber sido célibe hasta conocerlo y,  aún así, se atreve a llamarle despectivamente: “zorra”.

Hoy en día, a pesar de haber avanzado en ideas y derechos de la mujer, todavía la sociedad critica sus actos de forma diferente a los hombres. Un solo testimonio puede llegar a destruirla, una campaña de difamación es capaz de arruinarla para siempre. 

Algunos dirán que eso le pasa las débiles, que una mujer fuerte no se destruye por esas insignificancias. No es verdad. 

Es muy fácil dañar un corazón con tan solo una palabra.  Es fácil derrumbar a una mujer fuerte.

Caprichos del destino


Intenté de todo para acabar con la miserable rata pero nada hizo efecto. Compré diversos tipos de trampas y venenos, desde caseros hasta industriales.

Los apliqué cada noche y a la mañana siguiente volvía a aparecer el pequeño monstruo como si fuera una burla. Siempre he odiado a los gatos, sin embargo ya me estaba convenciendo de llevar uno a casa.

Me fui a dormir con decenas de felinos en la mente, soñé que devoraban a la intrusa poco a poco y yo veía el espectáculo satisfecha.

Un golpe seco me despertó. Me dirijo hacia donde creo que proviene y, al llegar, no puedo contener la risa.

El infeliz animal yace muerto bajo la plancha que cayó en el momento justo.

“Tarde o temprano todo se resuelve de la forma que menos se espera”

Cuando sangran las viejas heridas


Justo cuando crees estar superando algún hecho que te causó un gran daño, surge algo que te hace sufrir de nuevo. Vuelves a experimentar el dolor que parecía ya no existir y el sentimiento desgarra tu interior.

A veces sólo se trata de un simple comentario y eso es suficiente para hundirte hasta el fondo.

Ayer tuve esa sensación, mas no me permití llegar al fondo. Aferré toda mi voluntad al borde del precipicio y, aunque algunas lágrimas estuvieron a punto de hacerme resbalar, fui capaz de soportarlo. Esa molestia quedó en mi garganta. Aún no alcanzo a digerirla por completo.

La persona que me dijo esas cosas que no quería escuchar, no lo hizo con intención de herirme, pues me advirtió antes de hablar del daño que podrían hacerme sus palabras, pero era necesario confirmar ciertos detalles que siempre imaginé.

Hoy, las heridas todavía sangran, aunque esta vez traigo analgésico que preparé cada noche de insomnio, cada día de aflicción, en meses enteros de indolencia. 

El mal es crónico, no me cabe duda. Lo seguiré combatiendo cada día.

 

Gracias a todos los visitantes


Hoy quiero agradecer a todas las personas que se han dado el tiempo de leer mi blog.  Hace siete meses que empecé a escribir en este espacio y hasta hace un momento tenía 927 visitas. Me da un gusto enorme que mis artículos lleguen a tanta gente y poco a poco lleguen a más personas. Eso es muy satisfactorio para mí y me da impulso para seguir con este gratificante pasatiempo que a veces funciona de terapia emocional.

Quiero agradecer a todas las personas que me han visitado de varios países como: Francia, Argentina, Chile, U.S.A., Canadá, Brasil, España, Colombia, Rusia, Perú… y por supuesto de mi querido México.

Esos son los países que recuerdo, pero estoy segura que estoy omitiendo algunos igual de importantes.

Un agradecimiento especial a quienes han enriquecido este espacio con sus valiosos comentarios. Si tienen ideas, sugerencias o reclamos, no duden en expresarse.

Buen día para todos y espero llegar pronto a la visita número 1000.

Los deberes de Justina


 

Otra laboriosa jornada empieza para Justina. Dejó la cama antes del amanecer como es su costumbre y salió desde temprano a buscar el alimento de la numerosa familia.

Se aleja del hormiguero preocupada por el peligro que corren su madre enferma y sus pequeños hermanos.

En el camino se encuentra con Galanicio. No puede ocultar la emoción al verlo, aunque trata de no perder el tiempo y con amabilidad se despide. Nadie, ni siquiera él, conoce nada sobre su vida.

Galanicio continúa su camino pensando en Justina. Luce más bella esa mañana, lástima que nunca se detiene un momento para conversar. El rostro se le ilumina al toparse  con Lujuriana, la chica más fascinante de los alrededores, quien, coqueta,  le sugiere dar un paseo. Él acepta entusiasmado y la imagen de Justina se evapora.

Pasan los días, la vida continúa como siempre, pero los encuentros entre Justina y Galanicio disminuyen; es raro que coincidan, al parecer él ha modificado su recorrido habitual. Ella se pregunta si habrá conocido a alguien, si la está tratando de evitar o sólo es cosa del destino que tiene otros planes. Lo extraña terriblemente y  el sentimiento pesa demasiado en su frágil cuerpo. Adelgaza hasta casi desaparecer, sin embargo cumple a cabalidad sus tareas. El hogar depende de ella, ¿quién más lo haría?

 Una tarde calurosa, Justina llegó extenuada a su casa. Tenía el propósito de reposar hasta la hora de la cena, el cansancio era extremo. No fue posible. Aquel día dejó de existir su madre. Ella se hizo cargo de todo. Los hermanos, que ya no eran tan pequeños, ni siquiera asistieron al funeral. ¿Qué falta había cometido su madre para que la expulsaran del hormiguero familiar? Nunca lo supo.

Crecieron sus hermanos, Justina tuvo la ilusión de recibir ayuda con los deberes, pero ellos siempre se las arreglaban para librarse de responsabilidades. Uno a uno fue abandonando el nido hasta que, Justina, ya sin fuerzas para conseguir alimento, se vio sola.

Una mañana en la que ya no pudo levantarse, llamaron a su puerta. Pidió que entrara quien fuera. Su sorpresa no tuvo límites al reconocer a la encorvada figura. Era Galanicio.

 Al fin te encuentro, dijo él. ¡Te he buscado toda mi vida!