El fanatismo de una madre


Acaba de pasar el Día de las Madres y justo en estos días una “Madre” (si se le puede llamar así) ha protagonizado una de las más escalofriantes noticias de nuestro país. Este hecho sucedió en Nezahualcóyotl, Estado de México.

La mujer a quien me refiero, fue capaz de sacarle los ojos a su propio hijo de cinco años y no muestra ningún signo de arrepentimiento.

Ella está detenida y puede alcanzar la pena máxima de setenta años. El niño está en el hospital, solo y deprimido, pues ninguno de sus parientes, ni siquiera su padre, lo visita.

Estas son las palabras de la mujer, al ser interrogada por los ministeriales:

“Según lo predice Jehová el mundo se va acabar, por eso la vida de mi hijo ya no significaba nada, incluso, tampoco las de mis otros hijos, a quienes también como se los dije, tuve la intención de sacrificar para ofrecerles su vida a Jehová, pero no pude hacerlo porque ustedes llegaron en mal momento”

Fuente: www.lapoliciaca.com

 

No hay palabras que definan la sensación que tuve al leer esa nota. Soy madre y, aunque no lo fuera, no me imagino, ni en mis más terribles pesadillas, hacer algo como eso. Con ningún niño, mucho menos con alguien de mi sangre. El fanatismo, tanto en religión, política o en cualquier otro ámbito, es altamente peligroso. Ojalá ese fervor se pudiera usar para el bien, que esas influencias fueran capaces de cambiar actitudes negativas. Pero no, el mal se contagia de una forma increíble.

Ese pequeño quedó marcado de por vida, no sólo por su ceguera, sino por una herida que nunca va a cicatrizar. Su propia madre le hizo ese daño y su intención era causarle la muerte. La mayoría de la gente dignifica(mos) el papel de “ser madre”, y escribimos pensamientos maravillosos para exaltarlas. Es una pena que haya excepciones tan extremas.

Dañar un hijo, tanto fuera como dentro del vientre, no tiene nombre. Es más que un asesinato y habría que inventar una nueva palabra.

Hablemos pues de política


Por lo general evito hablar de política, pues creo que cualquier discusión es inútil y no nos lleva a ningún lado. Hoy me dijo un amigo que debería tocar el tema, ya que debo pensar en el futuro de mi hija de apenas un año de edad. “Si no tragas a “X” candidato, debes alzar la voz en contra de él” me dijo. Yo le pregunté, y me sigo preguntando: ¿Eso tiene algún beneficio para mí, para mi familia o para el país?

Existe un gran número de personas que alza la voz a diario, también hay una enorme cantidad de críticas y opiniones contra el sistema, gobierno, campañas, candidatos, instituciones, etc. Criticar es lo más sencillo del mundo, también prometer grandes cambios, pero proponer soluciones es casi imposible.

A veces quisiera tener “la ceguera” de los seguidores fieles de un partido, que dejan pasar por alto lo obvio, lo que todos ven y ellos pretenden justificarlo usando el arma de la difamación o juicio a sus rivales. Censuran el comportamiento del oponente, siendo que esas prácticas las han tenido por años. Los antiguos políticos dicen saber gobernar y ahora dicen que ya cambiaron. Si sabían gobernar, ¿por qué deben cambiar?

El uso de la palabra Democracia (Romance entre hijo de AMLO con hija de Creel) -Ah, no, esa no es la definición, me equivoqué en el “Control-Pega”-

En esa doctrina política en que el pueblo ejerce la soberanía mediante la elección libre de sus dirigentes, no deben caber las dictaduras, y me atrevo a llamarle así a la permanencia de un solo partido por tanto tiempo. Acuso a la política en general de tener al país estancado, pues todos ven por sus intereses, no por la nación. Frenan los buenos proyectos, se tienden trampas unos a otros para que se “vean mal” y si se llevan entre las patas a personas inocentes, les importa un soberano cacahuate. Lo peor es que no piensan en las futuras generaciones, en sus propios hijos que heredarán un basurero.

Los mexicanos somos pensantes, no podemos apartar la vista de las sucias prácticas de siempre, de la contaminación auditiva y visual que a diario nos exponen. Nos saturan por todos los medios, hacen debates que parecen circos, sacan a flote los peores vicios de los candidatos, esos que “se supone” son elegidos por su capacidad de dirigir una nación.

Hay mucha tela de dónde cortar, mucho por decir y nada por hacer.

¿Sirvió de algo todo este desahogo de mi parte? Creo que sí. Hay palabras que tenía atoradas en mi mente y me estaban causando un terrible dolor de cabeza.

“Si una mujer pública es una prostituta… ¿por qué un hombre público es un político?” Frase popular.

-.-.-.-.-

“La política es el arte de servirse de los hombres haciéndoles creer que se les sirve a ellos.”  Louis Dumur. Escrito Suizo.

 

Un amor de película


Si les voy a contar, pues les cuento. Les cuento cómo las películas norteamericanas me destrozaron la vida.

 ¿Recuerdan cómo en Angustia de un querer, después de que el corresponsal de guerra ha muerto en la contienda, ella, al recibir la noticia, sube por la colina, hasta la cima donde siempre se encontraban, y cree verlo venir, transparente él, hacia sus manos?

¿Recuerdan cómo en Mañana lloraré los dos exalcohólicos se enamoran y a ella no le importa el defecto físico visible en él cuando camina?

¿Recuerdan cómo en Algo para recordar él la reencuentra inválida, porque un tiempo atrás, cuando habían acordado reunirse, ella en su apresuramiento por hallarlo fue atropellada?

¿Y recuerdan que a él no lo frena la invalidez de ella, y le ama, tanto o más que antes, y se queda a su lado?

 ¿Recuerdan cómo en Y ahora brilla el sol después de huir uno del otro, ella y él se citan para proseguir un mismo camino, y a ella ya ni siquiera la detiene que él, por las heridas de la guerra, esté impotente?

 Pero no vayamos tan lejos en el tiempo. ¿Recuerdan, hace no tanto, cómo en Corazón de cristal él rompe las paredes de su cámara de aislamiento inmunológico, y elige la muerte probable para tener la dicha de tocarla a ella? ¿Recuerdan?

Las películas norteamericanas me convencieron de que el verdadero amor puede con todo. Y me destrozaron la vida, porque parece no ser cierto. Ese amor parece no existir más que en la pantalla. Y yo no me resigno a que no exista, no acepto que no exista, no cedo, no dejo de buscarlo, y ven, ven, estoy muy solo. Y cuento.

Cuento “El desnudamiento” (Francisco Garzón Céspedes)

 

Esta narración me interesó bastante cuando la leí. A veces nos volvemos tan adictos a “los finales felices”, que esperamos tener una vida y amores de película, donde el ser que amamos sea capaz de dar todo por nosotros, porque esté ahí cuando más lo necesitamos, porque sea fuerte cuando seamos débiles. Eso es imposible y sufrimos por esa causa que ni a causa llega.

A mí me encantan los finales inesperados, pues cuando el final es tan previsible, no disfruto la película. Creo que así es la vida y es emocionante dejarse sorprender. No espero demasiado de los demás, pero agradezco los grandes y pequeños detalles que me ofrecen.

Dios bendiga a todas las personas que me siguen sorprendiendo cada día.

Hacer el mal también hace mal


Desde ayer tengo una sensación bastante incómoda, es como una preocupación constante por haber hecho mal a alguien y no saber cómo remediarlo. No es fácil andar así, el corazón pesa, y bastante.

Creo que todo esto se debe a la tonta costumbre de acumular resentimientos, de maquinar en mi mente una venganza personal de la que no se entera nadie más que yo. En esa revancha contra el mundo, quizá paguen algunas personas que me dañaron consciente o inconscientemente en el pasado, pero muchas veces pagan justos por pecadores.

También pretendo que interpreten mi manera de actuar sin dar ninguna explicación, pero eso nunca da resultado. Todo influye en su tiempo para que esa bola de nieve que empezó del tamaño de una canica, hoy sea como una enorme roca, congelada y difícil de disolver.

Ayer dañé a alguien, intentando explicar lo que yo sentía, lo que acumulé en mi interior durante años. No me dolió en ese momento, sin embargo hay algo que me flota entre el estómago y el pecho, causando una terrible incomodidad.

No sé cómo amaneció esa persona, cómo pasó la noche, pero no hay forma de resarcir ese daño. Sólo espero que no le afecte demasiado.