Las cosas que no entendemos


Hay hechos o situaciones de la vida difíciles de comprender. Nos cuesta aceptar el sufrimiento, las enfermedades, la propia muerte, y más cuando se trata de una persona que apenas está empezando a vivir. Ayer me invadió un sentimiento de impotencia al enterarme de la muerte de un pequeño ser con menos de dos meses de edad. Creo que todos los amigos cercanos a su madre nos sentimos igual, sin saber qué hacer o qué decir para aminorar ese dolor tan grande. Enmudecemos o expresamos las clásicas palabras que usa todo el mundo, pues nada podría sanar una herida de esa magnitud.

Lo bueno es que ella es una persona espiritual  y, a pesar de su inimaginable pena, sé que esta experiencia hará de ella una persona más fuerte y le espera una gran recompensa. Todos sus desvelos, el dolor constante por su bebé, los segundos interminables de angustia, tanto padecimiento; nada de eso fue en vano.

Cuesta entenderlo, como humanos que somos. Sólo Dios tiene la respuesta.

 

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