El Cuento que no es cuento


Este cuento lo escribí un día en que tenía mucho coraje y ese coraje regresó el día de ayer. Hay situaciones que no podemos controlar y si hacemos algo, hasta empeoran los problemas. Es terrible la rabia y aún más la frustración, pero gracias a Dios que puedo desahogarme a través de la escritura y hacer de lo malo algo bueno.

DESCENDENCIA ANIMAL

El Señor Benigno Conejo Cordero, padre de nueve traviesos pero respetuosos hijos, está preocupado porque su vecina Débora Loba Serpiente (Loba por parte de padre y serpiente por parte de madre) le reclamó que Gentil Conejo Manso -su vástago más pequeño-  le hizo un rayón a la puerta de la madriguera y exige el absoluto y pronto pago, si no quiere que haya consecuencias.

Don Benigno, sin exaltarse, reprende al chiquillo; además le ordena reparar el daño causado de inmediato. Éste se dirige obediente a cumplir con su obligación, sin embargo desconoce las negras intenciones de la señora Loba, quien  tuvo una discusión con su hija hace unas cuantas horas y quiere  desquitarse con cualquier persona.

Gentil mira incrédulo que la puerta de ese hogar ha desaparecido, no se explica lo sucedido y le pide cortésmente una explicación a la temible señora. “¿No recuerdas que la robaste?” dice  ella con enfado. “La demanda debe llegar de un momento a otro”, agrega mientras sigue con sus labores.

La mente infantil da vueltas sin comprender lo sucedido. “¿Me la robé acaso? No lo recuerdo”

Al regreso, observa dos corpulentas figuras hablando con su padre. Uno de ellos es el señor Leonino Hiena Escorpión, marido de la huraña Débora (no es necesario revisar los antecedentes familiares), el otro es el sargento Cándido Ciervo Cachorro, joven agente muy estimado por todos. Contrastan los modales de los dos personajes, pues Leonino no para de vociferar groserías y Cándido no pierde la calma.

Una extraña transformación se ve en el rostro de Don Benigno, esa cara nunca la había visto Gentil. Le grita furioso a Leonino y el otro se le echa encima como fiera. El representante de la ley lucha un buen rato por separarlos, hasta que lo consigue. El infante sigue observando lo que ocurre y de pronto sus ojos se posan en el frente de su casa. Nunca antes se había fijado. La pared está cubierta de garabatos multicolores y se alcanzan a visualizar claramente varios nombres conocidos.

 Los nombres ahí plasmados son de los niños Hiena.

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